“Nuestro cuerpo tiene la capacidad de curarse, si tan solo le damos la oportunidad”. Dr. Bessel van der Kolk.
En la vida vivimos experiencias que nos desbordan, que dejan una huella profunda en el cuerpo y la mente por su intensidad, o por la falta de recursos para afrontarlos. El trauma se produce cuando se vive una experiencia que supera la capacidad de afrontamiento, y no puede integrarse de forma adecuada. Como consecuencia, quedan secuelas a nivel emocional, corporal y neurobiológico, que afectan profundamente el sentido de seguridad y conexión con los demás y con uno mismo.
En las últimas décadas han surgido métodos terapéuticos que no sólo comprenden la complejidad detrás del trauma, sino que permiten abordarla de una forma compasiva, efectiva e integrativa, incluyendo no sólo la dimensión cognitiva o afectiva, sino también la somática. Entre ellos se destacan Brainspotting y Focusing, dos enfoques distintos, pero completamente afines, que permiten acceder al mundo interno del paciente desde la experiencia corporal evitando retraumatización y produciendo procesamientos estables y profundos.
¿Qué es Brainspotting?
Es una metodología psicoterapéutica desarrollada en 2003 por el Dr. David Grand. A través de la localización de puntos oculares específicos (llamados “brainspots”) el terapeuta ayuda a la persona a acceder a contenidos emocionales profundos que muchas veces están fuera del alcance de la conciencia.
Esos contenidos al estar asociados a eventos traumáticos suelen estar disociados, almacenados como fragmentos sin conexión narrativa coherente. A través de un estado de mindfulness corporal, un tipo de atención plena sostenida de las sensaciones y emociones que surgen en el cuerpo, facilitado por el terapeuta que con su presencia resonante, acompaña empáticamente un proceso profundo, se activan los mecanismos naturales de autorregulación y sanación del cerebro. De esa forma, es el propio paciente quien sana gracias a la capacidad de resiliencia de su cerebro.
¿Qué es Focusing?
El Focusing fue creado por el filósofo y psicoterapeuta Eugene Gendlin en las décadas del 60. Es un modelo psicoterapéutico que hunde sus raíces en la fenomenología y el existencialismo, basándose en la propia experiencia corporal del consultante. El terapeuta invita a prestar atención a sus sensaciones corporales sin juicios y sin deseo de cambiarlos. De esta manera se va formando lo que Gendlin denominó “sensación sentida” (felt sense): una sensación corporal que empieza
siendo vaga, pero que al hacer foco en ella, permite desplegar significados profundos sobre las experiencias del consultante.
A través de seis pasos se facilita el acceso a una escucha particular interna, del cuerpo sentido desde adentro. La forma de atender lo que trae el cuerpo es similar a la de Brainspotting: se promueve la atención dual, poder estar presentes con lo que ocurre en el cuerpo, sin quedar tomados por esas sensaciones, estando siempre presentes en interacción con el terapeuta.
Puntos en común: cuerpo, presencia y transformación
A primera vista, Brainspotting y Focusing pueden parecer muy distintos. Uno se basa en el campo de la neurociencia y el movimiento ocular, el otro en la filosofía fenomenológica y la conciencia corporal. Aunque hay grandes diferencias teóricas y metodológicas, ambos comparten un enfoque centrado en el cuerpo como lugar de acceso al interior.
En ambos abordajes la posibilidad de acompañar los estados corporales con empatía y presencia plena permite que aflore el material traumático que quedó almacenado en redes disfuncionales para poder ser procesados gracias a la posibilidad de estar presentes y acompañar toda sensación, imagen, emoción o recuerdo que aflore. El acompañamiento del terapeuta quien está en sintonía con los estados del paciente facilita que se mantenga dentro de su ventana de tolerancia, sin una excesiva desregulación emocional y con la capacidad de acompañar todo lo que se le presente durante la sesión.
Un caso real: integrando Focusing y Brainspotting
Clara, una mujer de 35 años, acudió a terapia después de un accidente de autos que había ocurrido dos años atrás. Seguía sintiendo mucha ansiedad cada vez que tenía que subirse a un auto y aún tenía pesadillas.
Durante las primeras sesiones, hicimos Focusing para ayudar a estabilizar y que conecte con su cuerpo. Fuimos introduciendo el procesamiento con Brainspotting a través de la mirada en ciertos puntos que la conectaban con una alta activación. Durante varias sesiones aparecían sensaciones de mareos, el corazón a mil revoluciones y una intensa angustia que solía aparecer como una presión en el pecho o una piedra en la garganta. Fuimos paulatinamente acompañando esas sensaciones físicas y emociones integrando el uso de Brainspotting con el acompañamiento del Focusing, para acompañar las sensaciones sentidas que se iban formando.
A lo largo de varias sesiones, Clara pudo procesar emocionalmente la experiencia traumática, integrar partes disociadas de la vivencia que se presentaban a través de flashbacks de imágenes, emociones, pensamientos y sensaciones fragmentadas e inconexas. De a poco, fue recuperando la confianza en su cuerpo y sintiendo una mayor calma y bienestar. Al cabo de unos meses ya podía subirse a un auto sin experimentar ansiedad o miedo y ya no tenía más pesadillas.
Conclusión: un encuentro de saberes
Brainspotting y Focusing son herramientas complementarias que pueden enriquecer mutuamente la práctica terapéutica. Ambos confían en la sabiduría interna del cuerpo, anclándose en la experiencia sentida corporalmente y tienen en común el favorecer el proceso de sanación natural del cuerpo desde un abordaje humano y compasivo.
Referencias
Van der Kolk, B. (2015). El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Editorial Eleftheria.
Grand, D. (2014). Brainspotting: La técnica revolucionaria que logra un cambio rápido y efectivo. Editorial Sirio.
Gendlin, E. T. (1980). Focusing: Proceso y técnica del enfoque corporal (3ª ed.). Ediciones Mensajero, S.A.
Lic Cecilia García Robles (Argentina)